Acerca del
blog
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| Obra de Florencia Melo |
Tanto
como leer me gusta pensar. Y ordenar (cosas e ideas, en la misma proporción).
Sé que suena raro. Pero es así y tiene su lógica: ordenar es encontrar la mejor
forma, dice Clarice Lispector. Sólo en una cosa no coincido con Clarice (por lo
demás, es una de mis escritoras fetiche) cuando dice… “quizás sólo el pensamiento
me salve, tengo miedo de la pasión”.
Pensamiento y pasión, van en mí pegados, pura adherencia. Y es en el
proceso de pensar-ordenar/ordenar –pensar en que los pensamientos, como los
vidriecitos de un caleidoscopio, decantan y arman una figura, una idea, una
verdad, aunque sea provisoria. Hasta que las piezas giren y se vuelvan a mover.
Y así, una y otra vez.
Este
blog trata de esas figuras; es un intento de poner en palabras esas
figuras, a veces armadas del todo, otras veces inconclusas, miradas a mitad de
camino, captadas en el proceso mismo de su configuración. Algunos de los
vidriecitos que elegí para este blog son: la literatura, la infancia,
la adolescencia, los adultos, la Literatura infantil y Juvenil (LIJ), la literatura infantil, la literatura juvenil, las lecturas adolescentes, la educación, los libros, la escuela, la lectura,
los mediadores, la escritura, las bibliotecas, los educadores.
Tendré
que ser cuidadosa como dice Clarice y no quedarme en la seguridad de una de una
tercera pierna, verdad engañosa, de una idea o pensamiento demasiados
convincente… “Sé que voy a necesitar tener que tener cuidado para no usar
subrepticiamente una nueva tercera pierna que en mí renace fácil como la
hierba, y llamar a esa pierna protectora ‘una verdad’ “. El desafío es pensar a
cada paso, volver a pensar los temas, revisar cada tanto las figuras.
Algo sobre los textos-figura: están escritos y pensados para ser compartidos,
replicados, para estimular la reflexión conjunta sobre aquellos temas que
arman esas figuras calidoscópicas de las que hablaba antes. Sólo por la
cuestión de que están estructurados como pequeños textos/documentos,
ensayísticos a veces, más reflexivos otras, monográficos, reseñas de libros,
entre otros –con todo lo que ello implica: creación personal en base a lecturas
y relecturas, citas de fuentes utilizadas, pensamientos e ideas de otros
autores (y que yo también citaré y
mencionaré como corresponde he dicho) para apoyar o dar fuerza a aquello que
pienso, etc- sólo les pediré que si algo les resulta útil del blog lo usen
abiertamente, siempre con la gentileza de
mencionar la fuente (este blog y mi nombre).
Por el carácter de los textos precisamente es que las entradas no tienen una periodicidad fija. Figuras armadas, semi-armadas, ideas, pensamientos, inquietudes, ganas de hablar de…tengo en cantidad. Pero lo que condiciona (siempre) es el tiempo de poder sentarme a girar el caleidoscopio y ver qué figura se arma. El tiempo de poder espiar tranquila qué hay detrás de la cerradura y ver algo que crea que aporte o movilice de alguna manera.
Por el carácter de los textos precisamente es que las entradas no tienen una periodicidad fija. Figuras armadas, semi-armadas, ideas, pensamientos, inquietudes, ganas de hablar de…tengo en cantidad. Pero lo que condiciona (siempre) es el tiempo de poder sentarme a girar el caleidoscopio y ver qué figura se arma. El tiempo de poder espiar tranquila qué hay detrás de la cerradura y ver algo que crea que aporte o movilice de alguna manera.
Cuando El
Ojo en la Cerradura empezó a tomar forma (la idea, el pensamiento –otra vez
el pensamiento- lo tenía desde hacía bastante tiempo) mi entusiasmo llamó a la
puerta de algunas amigas que se sumaron a esta iniciativa. Le agradezco
inmensamente a la artista ceramista Florencia
Melo quien me cedió la imagen de su obra “La banda del ombú” como foto de
encabezado de blog. Yo quería algo que transmitiera la idea del blog y creo haberlo encontrado en esa imagen.
Andando el blog, le haré justicia. No creo que haya sido casual que al
comunicarle a Florencia la obra que elegí me dijera: “Gaby! Qué gracioso!
tenemos que pedir permiso, porque son los niños amiguitos de una calle. En el
barrio hay un ombú y todos suelen treparlo”.
Esto me conmovió.
Otorgado
el permiso para usar la imagen – el
mismo se le pidió al papá que lo encargó para que su hijo tenga siempre
presente el valor de la amistad- hubo
que resolver algunas cuestiones técnicas de ajustar el ancho y demás cosas que
no me resultan para nada amigables, pero por suerte tengo una amiga fotógrafa,
bibliotecóloga y que sí es amiga de la tecnología. Gracias entonces a Silvia
Peloche por contestar con tanta paciencia cada uno de mis mails y por pasar
una tarde de mate, y otras online, conmigo pensando la mejor forma para el
blog. Y por el impulso. Y por las tardes
de mates que vendrán. Ahora sí, me corro para que puedan espiar tranquilos por el ojo de la cerradura. Al menos, la de mi puerta.
